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martes, 12 de abril de 2011

¿Cómo se explica la Brecha de Roland?

Vuelvo a asumir que normalmente el lector español, con lo cual, casi que cualquier lector, no está tan acostumbrado a la mitología que le es propia, como a la que corresponde a la cuna de nuestra civilización. Sobre aquella, Robert Graves tiene una obra excepcional, más por su busqueda de interpretar el mito y asumir que es condicionado por hechos históricos, que por la forma de narrar aquellos. Otro caso, sería diferenciar, leyenda de mito, y aquellos dos de cuento. Pero esto último no tiene cabida en este texto, sobre todo cuando uno se encuentra pegado al fuego y con un café entre los dedos, que como recuerdo, no sólo calienta las manos sino también el frio invierno.
La pregunta sin duda es, quién o qué es Roland, pues no parece un nombre que los lugareños pudieran dar a una brecha que de todas es algo natural, bueno, o quizás no, y nuestra vista nos engaña.
Se cuenta, que Roland fue un sobrino de Carlomagno, que habiendo perdido la batalla de Roncesvalles en la guerra de Francos contra Reinos Hispanicos y Sarracenos, y hallado sin conocimiento durante largas horas, despertó, y al querer huir de tierras hispanas se encontró con un gran muro de piedra que le cerraba el camino hasta su patria. Con la fuerza que da verse acorralado por sus enemigos y tan cerca como lejos de su destino, Francia, Roland lanzó con fuerza su espada contra la roca, y con un estruendo descomunal, la montaña se abrió en dos, dejando el paso libre hacia Francia. Desde entonces toda la gente de la zona conoce aquel lugar como la Brecha de Roland.
Y si todavía el café no había embriagado mi sed y colmado el frio, la leyenda sin duda, lo hizo. Es sin duda lo lindo de viajar, de explorar, de aprender de todo aquel que puede dar algo. A veces ese algo no es mucho, y en ocasiones lo es todo. Ver al día siguiente dicho corte natural no fue lo mismo, ni tampoco disfruté lo mismo al imaginar todo lo que podía haber pasado allí, sin percatarme de que tan sólo era una leyenda. Los viajes son de por sí, reconfortantes, constructivos, siempre aprendemos, pero sin duda, cuando apuestas por que te cuenten, cuando apuestas por la gentes de la misma tierra, resultan verdaderamente fascinantes.

domingo, 10 de abril de 2011

La Brecha de Roland

Muchas veces la pereza, nos hace quedarnos en casa, incluso cuando salimos suele arrebatar de alguna manera a nuestra retina parajes espectaculares. Uno de estos parajes sin duda se encuentra en el actual Parque Nacional de ordesa y Monte Perdido. Contamos, cuando la desidia no vence a la curiosidad, con la posibilidad de seguir hacia Bujaruelo si partimos de Torla, o continuar por el valle de Ordesa hasta dar con las faldas del imponente Monte Perdido. Cerca de éste se encuentra la Brecha de Roland. Para muchos es lugar, sin duda, de los más imponentes y misteriosos que se pueden conocer, donde inmensas moles de piedra parecen separar Francia y España, se abre una hendidura, un descomunal, brecha que es un paso natural entre aquellas. Queda así del lado frances el circo de Gavarnie y una caida de mil metros hacia una sima profunda y terrible. Del lado español las peladas cumbres de Monte Perdido, una cueva de hielo y los bosques y valles de Ordesa.
Lo cierto es que además de su majestuoso y misterioso perfil, donde cualquiera quedaría prendado de la imponente fuerza que guarda la naturaleza, se esconde tras aquel paso natural una de las historias más bellas de nuestra mitología.
Evidentemente como advertimos es mitología, si aquello que siempre es bello y profundo cuando nos llega de otros lades, y que tanto desconocemos cuando nos es propio, pero que gracias a dios, los lugareños suelen guardar como conocimiento consuetudinario, como herencia oral de sus antepasado y que es dificil encontrar lejos de allí.
Y es que cuando viajas, no hay nada mejor que pedir asilo, pues no sólo lo puede hacer el Peregrino que viaja desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela, cualquiera puede intentarlo.
Basicamente, porque se disfruta mejor un café o un chocolate en tierras frias de alguien que lo da sin pedir nada a cambio, quizás sólo por curiosidad o atención, que a aquel a quien comprometes porque al final será pagado.
Y la verdad es que vale la pena, acercarse a una de esas casas de piedra, donde apenas llegó el señor wi-fi, tocar la puerta, y pedir permiso para escuchar y tomar una bebida que caliente los huesos y también la fé del cansado viajero.
Sentado y con el calor que proporciona el fuego en los pies y el café en las manos, empiezas a sentirte rodeado de un ambiente que te lleva a lo que fue, a lo que queda y por desgracia a lo que nadie en un futuro recordará.
La pregunta era clara: ¿Por qué un corte de tales dimensiones, un paso natural entre Francia y España tan soberbio, misterioso y espectacular, se llama Roland?